Peregrino

Peregrino

J. R. escuchaba a Liam muy atento y con el ceño un poco fruncido mientras acariciaba a Quinoa, que se acababa de sentar a su lado. No solo por el español con acento de Liam, sino porque de repente desbloqueó un recuerdo en su memoria que había permanecido oculto durante muchos años. Se sintió un poco mareado y con mucho calor, así que se fue a la cama y retomaron la conversación al día siguiente. No sabía si contarle lo que había recordado o no, así que se centró en escuchar al muchacho.

Liam hizo el camino a pie desde París a Santiago en 85 días, pues iba con calma y disfrutando de la experiencia. No había ninguna necesidad de correr demasiado, excepto algunos días de lluvia en los cuales necesitaba llegar al albergue cuanto antes. Pasó frío y calor. Hubo días buenos y malos.

El comienzo fue duro, hasta que su cuerpo se acostumbró al ritmo. Pero disfrutaba la cantidad de tiempo libre para reflexionar sobre infinidad de asuntos, por ejemplo:

«La chica de aquella película de terror que vi… al principio tenía miedo e intentaba huir de la bestia, pero luego se dio cuenta de que lo que veía eran sus propios monstruos internos. Muchos de ellos tenían discursos muy parecidos a los de la sociedad… ella consigue plantarles cara y superar esos terrores. ¿Seré yo capaz de superar los míos?»

En ese momento pensaba que sus únicos terrores eran no haberse despertado cuando su novio se atiborraba de pastillas y la soledad que sentía.

Pero luego andando tuvo que enfrentarse a otros: un tramo del camino pasaba por el borde de un desfiladero, con el vértigo que él sufría. El miedo era tan fuerte que le temblaban las piernas y le daba pánico pensar que quizá su cuerpo se lanzaría al vacío en un intento desesperado de acabar con ese sufrimiento. En estos casos Levy siempre le sonreía y le daba la mano para que se sintiera más seguro.

Empezó a caminar con piernas temblorosas mientras veía más adelante a su novio, esperándolo con la mano extendida para ayudarle. Pero la visión se transformó en el mismo chico tragándose un bote de pastillas y cayendo hacia el vacío hasta desaparecer.

Liam cayó de rodillas temblando de miedo y llorando, y se quedó acurrucado contra la pared de piedra durante varias horas, hasta que le tocó en el hombro una mano. Era una mujer de unos 35 años, que le habló con acento francés, preocupada.

No era peregrina, sino una directora de cine que salía sola a hacer largas rutas de senderismo porque creía firmemente en el poder del aburrimiento como fuente de inspiración. Ella no solo le dio la mano, sino que lo acompañó al albergue y cenaron juntos. A veces necesitamos pedir ayuda para enfrentarnos a nuestros monstruos, no tenemos por qué hacerlo solos. Aurélie se convirtió en su mejor amiga del camino y en su primera salvadora.

La segunda fue Quinoa.

Nadie podía imaginar entonces que Quinoa también salvaría a Jose Ramón, pero esa es otra historia…

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