La Difunta Correa de Nerja

La Difunta Correa de Nerja

Año 1840. En un pueblo llamado Angaco, en San Juan de Argentina, vive Deolinda Correa junto con su marido y su bebé. Todo va bien hasta que reclaman a su esposo para luchar en una guerra civil. Un día, recibe la noticia de que está malherido y decide socorrerlo. Prepara algo de agua y alimentos y, con el pequeño en brazos, sale siguiendo las huellas de los soldados por el desierto. Después de tres días, en una zona llamada Vallecito, cae rendida bajo la sombra de un algarrobo y muere.

Lo impactante es que su bebé sobrevive gracias a que sigue mamando hasta que unos arrieros los encuentran al día siguiente. Lo consideran un milagro.

En la misma zona, poco más tarde, a un pastor se le dispersan los animales durante una tormenta y le reza a la difunta sobre su tumba para que se los reúna. Al día siguiente se los encuentra a todos juntos y achaca tal milagro a que Deolinda le ha ayudado. Así que construye un pequeño santuario en su honor.

Con el paso del tiempo, los devotos de la Difunta Correa, como ellos la llaman, alzan altares en su honor en distintos puntos del país; la visitan, le piden milagros y le llevan botellas de agua “para que nunca más vuelva a pasar sed”.


“Pero, Nieves, ¿qué tiene que ver esta historia contigo? Si no crees en este tipo de cosas…”, te podrías estar preguntando. Pues tiene que ver, porque me topé por casualidad con esta historia por internet y cuando fui a buscar más datos sobre la historia descubrí que en 2008, época en la que vivían miles de sanjuaninos en mi pueblo (San Juan y Nerja son pueblos hermanos), construyeron a las afueras un pequeño santuario, el mismo que has visto en las fotos.

Esta coincidencia me llamó tanto la atención, que algunos podrían considerarlo… ¿un milagro?

Bueno, dejando los milagros a un lado, quise saber más sobre qué pasó con el pobre huérfano.

Parece que un historiador se hizo la misma pregunta e investigando, encontró un documento de compraventa de una casa en la que el vendedor se llamaba como su padre y el segundo apellido era Correa. Según la fecha del contrato, el muchacho debía tener unos 20 años, así que aunque es la única pista que este hombre pudo encontrar, al menos sabemos que sobrevivió.

Espero que te haya gustado la historia y que la Difunta Correa te proteja.

Todas las fotos son del altar en el Río de la Miel (Nerja).

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