2. Torre del Mar – 07/02/1937

2. Torre del Mar – 07/02/1937

08:30

Me han despertado unos golpes muy fuertes en la puerta. Estaba dormida con la criatura en brazos. Es Manuel, el mejor amigo de mi Francisco. Trae la cara ensangrentada, dice que tenemos que marcharnos. «Pero, ¿adónde, Manuel, adónde?» Dice que los sublevados están entrando en Málaga, nos pisan los talones, hay que marcharse ya. No hay tiempo para preguntas.

10:15

Menos mal que había preparado algunas cosas. Manuel lleva el saco colgado a la espalda y yo a Paquito en un brazo, y mi máquina de coser enganchada en el otro. Me costó muchos dobladillos terminar de pagarla y la voy a necesitar allá donde viva. Todavía no hemos salido de Málaga y ya me duelen las piernas y la espalda, pero más me duele haber dejado mi casita.

11:59

Qué impresión al pasar por la Caleta y ver las casas de los ricos destrozadas…

13:02

Manuel no suelta prenda sobre lo que le ha pasado. Casi no habla, todo lo que hace es mirar hacia atrás cada dos por tres y cargar con el saco mientra me mete bullas para que no me retrase. Tampoco sé qué le ha pasado a la Curra, la mula que compró a medias con mi Francisco para trabajar dando portes.

18:36

Estoy reventá. Llevamos muchas horas caminando. Nosotros y miles de criaturas más. Esto es una marea infinita de cabezas y el ruido es terrible. Te prometo que hoy he visto miradas que no voy a poder olvidar en la vida.

19:05

Mi pequeño, mi ratoncito, no ha parado de llorar en las últimas horas. Cuando el sol empezaba a trasponer, desesperada, me he sacado un pecho con todo el disimulo que he podido y se ha dormido. Demasiado bueno es, todo el día en la misma postura, sintiendo este horror en su piel de terciopelo.

21:52

Dicen que estamos cerca de Torre del Mar. Me duelen tanto los brazos y los hombros que quiero llorar, pero no me salen las lágrimas. Es tarde. El jaleo de este medio día se ha convertido en un murmullo cansado. A mi lado, dos mujeres lloran en silencio. Hemos cenado un trozo de pan con queso que traía Manuel en la talega. Tengo sed, pero no digo nada. Quizá mañana encontremos una fuente.

Nos hemos alejado un poco del camino para descansar algo. Me da miedo quedarnos en las cunetas como están haciendo muchos porque pasan camiones y a ver si nos van a pisar. Hace frío y nos acurrucamos los tres entre las cañas de azúcar. Hay que reponer fuerzas para seguir mañana temprano.

«¿Ves los barcos en el mar?» Me ha preguntado Manuel, señalando al agua. «¿Y ves la silueta del faro allí? Qué raro, ¿verdad? Está apagado. Bueno, ¡a dormir!» Me ha dado un beso en la frente a mí y otro al bebé.

Yo nunca me fijo en esos detalles, pero él sí y me gusta. Por primera vez me quedo observando su cara en la oscuridad. ¿Por qué habrá venido a por mí? Hubiera ido mucho más rápido él solo…

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