Quién se iba a imaginar lo que me ha pasado esta mañana en el supermercado. No, no he ligado ni nada de eso, pero he vivido una experiencia un poco surrealista con un abuelito que iba a hacer su compra. Os lo cuento.
Saqué un carrito para ir más cómoda y coger un par de cosas. Noté un bache o algo en el suelo y pensé que a ver si iba a ser alguna rueda rota. No sé a vosotros, pero me da mucha rabia cuando los carros no andan bien o se atascan, así que lo pruebo siempre un par de veces para alante y para atrás para ver si tengo que cambiarlo. De repente, una mano me robó una bolsa de patatas del carro y me gritó: “¡A que no me pillas!” Y salió corriendo a ritmo de abuelo octogenario. Le di ventaja, no porque quisiera, sino porque me había quedado clavada en el suelo de la sorpresa. En condiciones normales hubiera cogido otra bolsa de patatas y fin, pero me faltaba mucha cafeína y, sin pensarlo dos veces, salí corriendo detrás de él.
Imaginaos la situación: las 9.30 de la mañana, el supermercado vacío, un abuelo vestido de abuelo normal, pero con unas zapatillas nike air pegasus plus 125 con cámaras de aire de última generación corriendo con una bolsa de patatas fritas en la mano mientras una tipa con cara de sueño (yo) lo perseguía con un carrito al que se le había bloqueado una rueda y hacía un ruido espantoso con la vibración.Dimos varios giros por los pasillos. El abuelo me gritaba “¡Qué lenta! ¡Qué lenta! ¡Jajaja!”
Yo empezaba a preguntarme qué estaba haciendo con mi vida y también si no valdría la pena soltar el carro para poder alcanzarlo cuando de repente escuchamos: “¿¿Abuelito??”
Ahí de pie, con un libro en la mano, estaba su nieta, que me miraba con cara de “¿qué hace esta loca persiguiendo a mi abuelo?” La muchacha no es que se pareciera mucho a mí. Pero llevábamos las dos el mismo peinado y vestido y el hombre nos había confundido…
Qué vergüenza pasé: me puse rojísima, porque vale que él se hubiera equivocado, pero… ¿qué hacía yo persiguiéndolo con el carrito de la rueda loca? Total, que al final nos fuimos cada uno por nuestro lado: ellos a su compra y yo a la mía, pero luego nos hemos vuelto a encontrar en las cajas pagando y el abuelo nos ha invitado a las dos a café y churros.
Y además de hincharnos de reír, ahora tengo dos amigos más en el barrio.
Vaya manera de empezar el día, ¿verdad?

