¿Cómo es para un adolescente crecer y desarrollarse sabiendo que no cumple con los cánones de belleza de una sociedad en la que la apariencia lo es todo?
Para Nico, una auténtica pesadilla. Desde pequeño, siempre notó que a él lo trataban diferente. Era un niño alegre hasta que empezó a ser consciente de las diferencias con su hermano mellizo. Este era rubio, alto y fuerte y, sobre todo, tenía esos grandes ojos verdes que gustaba a todos. Él, sin embargo, era muy poca cosa, débil y tímido, y para colmo su cara ni siquiera era simétrica.
Si empezó a tomar conciencia de su fealdad fue porque todos se empeñaron en hacérselo ver. Hasta su mamá lo llamaba «mi patito feo» desde muy pequeño. Pero también le prometía que, como el patito de los cuentos, con la adolescencia cambiaría. Entonces todos querrían ser su amigo y las chicas querrían salir con él. Nico, esperanzado, decidió esperar a que ese momento llegara y ocupó todo su tiempo en leer y estudiar.
La adolescencia llegó, pero lo único que pasó fue que se le movieron los dientes, le salió el acné quístico más grave de todo el instituto y, encima, por culpa de una caída, se le deformó la nariz. Era el objeto de burla de todos los compañeros de clase, entre ellos su hermano quien, más guapo y popular que nunca, le gastaba bromas pesadas y crueles.
Un día de octubre, después de una jornada de clases horrible en la que el profesor de matemáticas lo había ridiculizado por no estar atento en clase, Nico no podía parar de dar vueltas por su habitación. Estaba harto de ser rechazado por todo el mundo y eso tenía que cambiar. Necesitaba vengarse de aquellos que le estaban haciendo tanto daño. Algo llamó su atención desde la estantería de los libros. Estaba especialmente orgulloso de la sección de terror, su género favorito. Pero algo no encajaba. El cuento del patito feo estaba ahí, entre «Carrie» e «It». Lo sacó de inmediato. «Menuda bazofia, un pato feo que se vuelve guapo. A tomar por c***», dijo mientras lo lanzaba por la ventana. Entonces tuvo una idea.
La profesora de inglés había organizado una fiesta de Halloween benéfica para poder comprar libros nuevos para la biblioteca del instituto. Nico no había pensado ni siquiera en ir, pero ahora tenía que darse prisa para conseguir en secreto el disfraz y maquillaje de payaso: no de uno cualquiera, sino de Pennywise, el personaje de Stephen King.
La mañana del 30 de octubre, día en que celebrarían la fiesta se fue temprano al instituto para preparar su plan. Decidió que si ese día sus compañeros se portaban bien con él, les perdonaría.
Tras las clases, se puso su disfraz de payaso, se maquilló y se escondió para asustar a quien fuera llegando. Las primeras compañeras se habían disfrazado de gatito. Venían vestidas con ropa normal: camiseta negra y minifalda, pero con orejas en una diadema y bigotes pintados en la cara. Eso era trampa, seguían estando preciosas. Nico las asustó y tras la primera impresión, ellas empezaron a reírse de él y a ridiculizarlo.
No le sorprendió que hicieran lo mismo el resto de compañeros, así no vio más opción que poner en marcha el plan de la venganza. Para ello, se dirigió a la salida del gimnasio y pulsó la alarma antiincendios justo antes de cerrar la puerta y bloquearla desde fuera. Luego, desapareció del pueblo para siempre.
Cuando los bomberos pudieron echar la puerta abajo, se encontraron con un panorama desolador. No, no había ni rastro de fuego, pero algunos de los rociadores del techo habían sido manipulados y habían expulsado ácido sulfúrico en lugar de agua. La mayoría de los estudiantes y profesores se retorcían de dolor en el suelo. Todos sufrieron quemaduras-
Algunos, como su hermano, perdieron la visión. Sin duda, ahora todos eran «patitos feos».

