Día de playa con mi amiga la que siempre se mete en líos. ¿Qué puede salir mal?
Estoy en la playa con mi amiga A. Le digo hace un rato que voy al chiringuito a por café, y ella decide darse un chapuzón mientras. Yo llego antes, así que la veo salir cual supermodelo del agua y, tras escurrirse el pelo y volver a ponerse las chanclas, se dirige a la silla, la saca de debajo de la sombrilla y se sienta al sol. ¿El problema?
No es nuestra sombrilla. ¡No hemos traído ni silla! Lloro de la risa mientras busco el móvil para hacerle una foto antes de ir a avisarla, con tan mala suerte que justo aparece el dueño gritando. Ella, sin entender nada, se levanta nerviosa. El hombre cada vez más rojo. Y justo entonces aparece su mujer, gritando también:
—¡¿Por qué le gritas a la chiquilla?!
Intento explicar que ha sido un error, que mi amiga es miope, estoy a punto de pedir perdón…
Pero el hombre insiste en que queríamos robarle las cervezas. Entonces la señora mira bien a los ojos a mi amiga y suelta:
—¿Tú no eres A., la nieta de R.?
Resultado: A. ahora está comiendo sandía con ella, como si fueran amigas de toda la vida. Y él, sentado en la orilla con su cervecita en la mano, desde aquí me parece un niño castigado.
Nunca había visto a un señor tan derrotado por una simple silla de playa.
