¿Creéis en el karma? Si no, a ver cómo explicamos las cosas que nos pasan a veces…
Un día fui a recoger unas cosas a casa de mi padre y venía por la calle con una bolsa cargada al hombro, muy pesada. Se puso a llover fuerte inesperadamente y, obviamente, no llevaba paraguas (no llevo nunca). Entonces, una vecina a la que solo conocía de vista salió de la nada con un paraguas y me dijo: «Tápate, que vas cargada, vamos juntas». Le di las gracias y allá que íbamos las dos: cogidas del brazo que me quedaba libre porque a ella le resbalaban mucho los zapatos. Y menos mal, porque cuando giramos hacia nuestra calle, nos dio una ráfaga de viento muy fuerte y, casi a la vez, patinó con los dos pies, por poco se mata. Tuvo suerte porque la agarré con fuerza, mis zapatillas no resbalaban. No os imagináis la que teníamos liada: el paraguas del revés, las mandarinas que me había dado mi padre rodando por la calle, las dos empapadas… En este punto ya nos dio la risa, pero cuando nos quedaban solo unos metros para llegar a nuestro bloque, pasó un coche a toda velocidad levantando un tsunami (sin exagerar) que nos alcanzó de lleno, por si acaso todavía nos quedaba alguna parte del cuerpo seca. Nos quedamos impactadas, porque podría haber ido más despacio, ¿no? La cuestión es que iba tan rápido que perdió el control, el coche derrapó y se comió una farola.
Al señor del coche no le pasó nada, pero creo que la próxima vez irá con más cuidado.
Más tarde, mi vecina, que se llama Nadira, me subió un poco de baba ganoush casero que estaba riquísimo y unos días más tarde, yo le llevé unos pestiños. Seguimos intercambiando recetas y si me he acordado ahora de esta historia es porque… ¡ayer vino a regalarme un paraguas!
Conclusión: sé amable con tus vecinos/as si quieres evitar acabar contra una farola y puede que hasta hagas nuevos amigos/as. 💓

